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Manos heladas + sonrisa sin dientes = Alma partida

Recuerdo un día del primer curso de mi hijo. Tenía apenas 3 años era invierno y le había prometido que iría a recogerle a la salida del colegio (algo inusual debido a mi horario laboral).
Apagué el ordenador del trabajo y salí corriendo con los tacones para alcanzar el autobús que me llevó hasta la escuela. Eran apenas las seis de la tarde pero el cielo estaba oscuro y hacía frío. ¡Maldita sea! llegaba tarde.
Al fin llegué…estresada, acalorada y cansada y lo vi sentado en una escalera esperando solitario, con el gorro y la bufanda de diseño que le había comprado algunas semanas atrás.
Apenas le vi salieron por mi boca una retahíla histérica de frases de disculpa acerca del tránsito, de llamadas de última hora y de mails urgentes. Estoy segura que no entendió nada. Sólo se limitó a sonreírme y me dijo: -¡No te preocupes, no pasa nada!
Hoy, al leer en la prensa un artículo que dice que los españoles salimos del trabajo 2 horas más tarde que la media europea, me he acordado de este episodio (han pasado 4 años desde entonces) y del sentimiento de culpabilidad que me inundó el alma.
El recuerdo de ese día concreto, junto a otros muchos motivos, me obligaron años después a cambiar mis prioridades y a fundar una compañía que hiciese un poco más compatible la vida profesional y la vida familiar.
Nos queda un largo, larguísimo camino para encontrar el equilibrio entre la realización profesional y la vida personal pero las nuevas tecnologías y el cambio de mentalidades pueden ayudarnos a conseguirlo.
dosymedia, apuesta por ello…